La democracia se
construye dia a día con inclusión de voces actores y pensamientos plurales que
sirven para enriquecerla. Mi generación es hija de la democracia, no vivimos lo
que tantas veces nos contaron. No tuvimos un Ford Falcon verde en la puerta de
nuestras casas, tampoco tuvimos que leer noticias de muertxs en ocasiones
extrañas, ni escuchar comunicados de las juntas “Patrioticas”. Pero si gritamos
junto a nuestras madres y nuestros padres un Nunca Más y vimos morir
tras las rejas a los que tanto mal le hicieron a nuestra gente y a nuestro
territorio. Vivimos las consecuencias de esa epoca, aun hoy podemos ver desfilar a los heroes de
Malvinas vendiendo pulceritas en los trenes. Tambien somos testigxs de que las
mísmas ideas de aquellos tiempos hoy se
siguen reproduciendo con el mismo descaro.
La militancia ya no es como en los frios y oscuros años 70 donde la muerte era el riesgo, y se realizaba
armada. Hoy nuestra arma es la palabra, esa que tanto quieren silenciar lxs
poderosxs para no construir democracia, sino para acaparar las decisiones
politicas y economicas que conllevan un beneficio de pocxs.
Mi abuela vivio
el bombardeo del 55 donde por la violencia se hechaba un gobierno nacional y
popular que ayudo a conquistar derechos a las clases populares y trabajadoras.
Muchas personas aplaudieron ese golpe,
hoy ya no hace falta la violencia sino que las urnas fueron las que
impulsaron el ascenso de un gobiernto tanto o más impopular como aquel de hace
60 años atrás. La adolescencia de mi madre fue durante el llamado proceso de
reorganización nacional, la dictadura más sangrienta y violenta de nuestra
historia, ella es una intelectual que
se interesa por los problemas socio-economicos y por la politica de nuestro
pais. Ella me inculco mucho el interes por el activismo y la preocupación de
construir algo mejor para todxs. En el barrio hubo desaparecidxs, donde siempre
lxs vecinxs les rendimos homenaje para que la memoria siga viva.
No hay que olvidar tampoco a nuestras compañeras trans y travestis
que les toco vivir en aquella epoca, que no tenian rostro, ni voz ni voto. Nuestra comunidad fue
silenciada y masacrada, hemos vivido una dictadura en democracia. Hasta hace
pocos años detener a una mujer trans por estar en la calle era legitimo y
tambien lo que sucedia dentro de las comisarias lo era. Yo no lo tuve que vivir porque pertenezco a
una “nueva generacion” que comenzo su proceso de transicion luego de la ley,
pero la memoria de una sociedad es una construccion colectiva. Esas historias
de mis compañeras que contaban sus
pasares en los calabozos de comisarias sirven para saber donde no queremos
volver. No volveremos nunca más a una sociedad presa de la violencia y de las
armas como en el 76 y tampoco volveremos a las carceles por prejuicios e
intolerancias. Seamos libres que lo demas no importa nada



